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martes, 8 de septiembre de 2009

Las paradojas del capitalismo

... me tienen los huevos al plato.

Hoy vino una escritora a dar una charla al colegio privado donde trabajo como bibliotecaria . La chica escribió un libro de crónicas sobre trabajos precarios: aparentemente se "infiltró" en diversos laburos de ese tipo inventandose un currículum (call centers, mcdonalds, supermercados, etc) y luego narró las experiencias que vio y vivió en estos trabajos. La denuncia se mezcla con historias de vida y ella en el fondo parece no saber muy bien para qué escribió el libro que le propuso el dueño de la Editorial, aunque está contenta.

No voy a reflexionar sobre las implicancias éticas que puede tener no revelarle su verdadera identidad a sus compañeros/as (y a veces amigos/as) de trabajo, o grabarlos y transcribirlos sin su consentimiento, quizás porque durante dos horas los chicos de 5to año (que pagan 1.800 pesos mensuales de cuota) se dedicaron a indagar los fantasmas y las culpas que la chica asume tener por haber contado historias íntimas de gente que confió en ella, o hacer de sus amigos personajes literarios. ¿Que el libro ayuda a concientizar a los trabajadores o bien, como dijo el vicerector, nos educa como consumistas? (el consumistas en lugar de consumidores juro que fue literal). Puede ser, pero mucho más educa la Coordinadora de Trabajadores Precarizados que durante un par de años se sostuvo con escraches a las empresas que precarizan, y de la cual formaron parte muchísimos de mis amigos o compañeros.

Entonces necesito gritar la bronca que me dio escuchar a directivos y alumnos charlar sobre la explotación y la barbarie del sistema capitalista y su legislación laboral, mientras la preceptora y yo (que fuimos gentilmente invitadas a participar de la charla) cobramos un salario que es por 5 horas diarias mientras trabajamos 7. Es decir, que yo apenas llego a sobrevivir con los $1510 mensuales que me pagan cuando en realidad debería estar ganando aproximadamente $2.000.- Eso, por supuesto, no es explotación ni es barbarie y mucho menos es tema de conversación con los alumnos o los empleados de la escuela.

Después todos juntos hablan pestes del trabajo temporario, de la falta de estabilidad, de cómo se juega con la necesidad de la gente... claro, cuando en diciembre del año pasado decidieron darme "de baja" para no pagarme los meses de vacaciones y me reincorporaron recién en marzo, dejandome dos meses sin sueldo y obligándome a laburar free lance, se ve que todavía no habían leido el libro.

lunes, 31 de agosto de 2009

All happy together

"Los muchachos se entretienen"
(...)
El sábado hubo fiesta, estaban todos. La zorra gomez tenía una casaca blanca que dejaba ver el costado de su carne blanca y blanda, justo a la altura de la panza. Caminaba con gestos amanerados y se mantenía cerca de su gente. Por momentos se quejaba en voz muy baja: había puesto plata y falopa para los demás y se sentía aventajado. Protestaba silenciosamente, ultrajado como si esa guita la hubiera ganado laburando. Al rato se calmaba, seguramente había llegado a la conclusión de que -después de todo- ese es el precio de ser un dirigente astuto.
El enfermito, por supuesto, aprovechaba la volada. Se empolvaba la nariz y de paso le ofrecía un poco a la negra que le anda llorando siempre atrás, una forra desdichada que le miente un tumor para que la siga atendiendo. Hace un tiempo el enfermito y la zorra armaron una alianza, pero duró poco. Anduvieron haciendo purgas y volteando gente hasta que la zorra mostró la hilacha: dijo que un burócrata no pude darse el lujo de arriesgar el culo y el sueldo por un par de pendejos tira bombas, y el enfermito pateó el tablero. Es que si algo le queda al enfermito es ese amor propio de adolescente anarco. Siempre anda enamorado de alguna pendeja diez años mas chica que lo basurea hasta que él, justamente, hace su magia: se para entre las multitudes a afilar la lengua y soltar bombas a troche y moche. Entonces se pone lindo, lindísimo. Y eso, queridos, no lo resigna por nada (y mucho menos, por el buen sueldo de la zorra). Igual siguen amigos, se ofrecen pequeños canjes y cada tanto comparten estrategias, pero eso sí, desde aquella vez se miran con desconfianza.
El legendario llegó tarde y solo. Su mujer está visitando la parentela y si algo odia el legendario es no tener quien lo atienda. Llegó con una viandita light y un juguito edulcorado, justo él, que tantas veces se puso la capucha y tiro piedras y rompió cabezas y aguantó la parada contra la yuta. Ahora, aparentemente, los guisos le caen mal. "De Claypole a Caballito" decía el viejo hace un tiempo y habría que haberlo escuchado. Después cuenta las historias de siempre, pero en el fondo lamenta que entre sus aliados no estén los que alguna vez tomaron vino en cartón con tang de naranja. Del pueblo le queda el olor, las historias y los yeites. Quizás también le quede algo del alma, pero sabe bien que para hacer carrera política es preciso afinar el paladar. Y si algo acaricia el legendario por sobre todas las cosas es su carrera política, su lugar en el movimiento. Entonces lee y escribe, compra comida de marca en Disco y reniega de las garrafas. Con la zorra gomez, por supuesto, son culo y calzón, aunque no hace falta ser muy avispado para saber que en cuanto la zorra pisa afuera de la biblioteca el legendario se lo manduca sin que la pobre zorra tenga tiempo a darse cuenta que las cosas no son como el había leido.

martes, 25 de agosto de 2009

No creas que le hablo al de al lado porque te hablo a vos

"Si hace falta hundir la nariz
en el plato lo vamos a hacer"
P.R.
La zorra gomez se sienta, mira con la cabeza ladeada y se siente astuta. Escupe al cielo, es su nuevo tick. Balbucea cosas que nadie comprende (esa incomprensión es su placer más genital, tirando cosas de los pelos se siente vanguardia). Nos vende gato por liebre y, una vez más, se siente astuta (no hay otro modo de decirlo). Anda con la cabeza volada de antorcha y bandera que siempre le será ajena. Cree que tiene una función, una que milagrosamente le sienta muy bien. Detrás de una pantalla luminosa o una pila de libros hace lo suyo. Corta copia pega. Balbucea, habla y habla. Sabe lo que hace, eso es así y aparentemente le alcanza. Saber saber saber. Lástima de oficio ese de andar escribiendo las cosas que hicieron y harán otros. Un oficio de lentes y culo blando (azucarado) que le da de comer al instructor de pilates dos veces por semana. Pero es así, mal que nos pese la zorra gomez teje los hilos y habla de la revolución escupiendo los pelos de su lengua (al cielo, eso sí).
(...)
Ojo querida zorra, tanta saliva suelta no siempre es buen negocio. Todo lo que sube tiene que bajar.