Escribía esto. Se lo escribía a mi papá, aunque nunca iba a llegarle, precisamente por eso. Y ahora tengo que transcribirlo, pero justamente para darme cuenta (el otro día le decía a G., me cuesta darme cuenta) de que mi viejo cambió, esta cambiando. Para bien, digo. Aunque haya sido todo esto que acá abajo escupo y por eso mismo.
Perdoname si te digo que no te entiendo, tantos años dándonos por sentados y ya ves, acá los dos, parados los dos, los brazos a los costados, si hasta me caen como a vos, igual que a vos, y así y todo ni un puto inicio de intimidad, perdoname. Y que querés, si ahora también se te da por corregirme, se te nota en los labios, los apretas un poco mas como para esconder los dientes, esos dientes podridos que no te gustan y que entonces escondes ahí, entre los labios apretados, porque eso se hace con todo lo que a vos no te gusta, se esconde, eso hacemos los dos, parados los dos, y entonces obligas una pitada con el brazo duro para que no se vea que atrás de los labios, ahí, entre los dientes feos, también mi inicio de intimidad te sonó feo, demasiado parecido a indicio pero no, otra cosa, algo similar a comienzo, principio, origen, inauguración, estreno. Estreno. Sin intimidad que estrenar. En eso estábamos.
Cómo querés que no llore, es tan triste, atrás de tu asombro suave es tan triste, me miras con esos ojos bovinos y esperas que te crea esta sensibilidad de pies diminutos y música china, justo a vos, a vos que pensás que razón y espíritu son exactamente lo mismo, tan lejos de hegel y tan lo mismo, y eso porque no me animo a hablarte del alma, nunca me animo, no quiero decirte lo único que puedo decirte y es que la escucho partirse poco a poco, es tan triste, se me parte el alma acá parada, tan lejos de vos y tan lo mismo.
No, claro, así no se me entiende nada, tenés razón, es este hipo cortando las palabras arbitrariamente, si pudiera separarlas en sílabas al menos te contaría de hegel, creo que te gustaría mucho, habla de absolutos así como vos, aunque yo a él tampoco lo entiendo sabés, quizás es culpa mía después de todo, a mi todo se me parte, las palabras con este hipo y el alma también, es tan triste, nada entero, ni siquiera vos ahí parado, tan seguro de tus contornos y tan alto, tan a salvo de este destino de pedacitos al que te someto sin que te enteres, una oreja y en la otra punta la lengua, las manos que son tan lindas perdidas debajo de un codo o un argumento, todo apilado y triste, tristísimo.
Y dale, claro que te escucho, un pañuelo, sí, un pañuelo justo ahora. Siempre pensé que las manchas y los mocos y las mangas exigen una estética breve, como todos los excesos, un huevo mas y Dalí termina siendo una mierda y así con todo, cualquiera podría decirte eso de mí, el rimel corrido o las ojotas aceitosas, la humedad o las palabras, la abundancia de casi todo me aterra, las razones que ahora llegan apretadas para esconder este exceso podrido, apiladas y tristes, tan feas como yo que soy un asco de ojos hinchados, sin dientes y sin un puto inicio de intimidad. Y que querés, a mi tampoco me gusta, es tan triste, acá los dos, parados los dos y por eso mismo, porque se me parte el alma, por eso no te entiendo, perdoname, no, ni un poco, justamente por eso, justo a vos, para que las manchas y los mocos y mi vida puedan ser de una vez sin tantas razones ni tantos excesos ni tanta mierda. Tiene que ver, claro que tiene que ver, pero no importa, no te preocupés.
Hablá nomás, sí, te escucho.
viernes, 13 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Vivir solo cuesta vida
"Ya se cansó de dormir todo el tiempo en sillones
Y de taparse la boca para no gritar"
Patricio Rey.
(...)
G. estuvo 4 días de viaje. Se fue con sus alumnos a un encuentro sobre jóvenes y memoria en Chapadmalal, volvió anoche. Lo extrañé, nos extrañamos. Fue lindo verlo llegar con su mochilota, le preparé un matambrito a la pizza con unas papitas salteadas con jamón y cebolla. Comida rica y amor. Estuvo bien, estamos muy bien.
Cuando supe que se iba, yo había planeado 4 días de paz. Estudiar, comer livianito, ver alguna peli hasta dormirme temprano, ir a pilates, estudiar y estudiar. Y así fueron los tres primeros días. Hasta que, claro, no se bien porqué, de golpe me encontré a mí misma invitando a unas 10 personas a un asado en casa, para después ir a una fiesta. Volvía en el bondi un rato más tarde y pensaba como cancelar, como bajarme de la moto que yo misma había puesto en marcha. No cancelé, y el sábado tipo 8 empezó a caer la monada.
No estuvo mal, la pasamos bien, nos divertimos. Pero el domingo me desperté con una resaca inmensa, y la sensación de estar descentrada. Es una sensación habitual en mí: descentramiento parece apelar a un centro que no tengo ni deseo, así que quizás enajenada sirva mejor. Algo así como una desconexión con mis propias sensaciones, la leve certeza de irme de mí por momentos demasiado largos. A los 3 minutos recordé, además, que había vomitado en algún momento de la noche (por suerte, una vez que mis invitados habían partido hacía tiempo). Tomé mucho, tomo mucho, y si bien la imagen de mí misma vomitando al lado de la cama no me averguenza (los que se ríen del patetismo ajeno la tienen fácil, es tan sencillo ser de esos que nunca se salen de lugar), lo cierto es que ponerme a limpiar el desastre sintiendome todavía en pedo fue bastante desagradable. Y claro, ese día volvía G. y yo quería recibirlo en una casa limpia y linda. La onda transpoiting no me parece muy sensual.
La sensación de estar enajenada cobra toda su profundidad cuando el alcohol o alguna droga cumple su efecto desinhibidor. Entonces ahí es cuando más noto (en realidad, para ser precisa, lo noto al volver a un estado de sobriedad) que estoy lejos de mí, que por momentos sólo soy una especie de impulso lanzado hacia adelante, como animal herido que chilla y huye. No tengo paz, eso siento. Y no es que emborracharme o drogarme me quite la paz, sino que cuando no la tengo, cuando estoy en una epoca en la que no estoy tranquila, entonces los estimulantes dejan más desnudo el hecho de que ando como bola sin manija.
Esto es histórico en mí. Desde chica forzaba las situaciones hasta llegar a un límite bochornoso que me haga bajar un cambio. Terminar arruinada en el piso de una fiesta mientras me robaban la campera y la plata, a los 15. Emborracharme frente a mi familia una noche y terminar vomitando en un sillón, a los 16. Salir borrachisima de una fiesta y pasar la noche muerta de frío durmiendo en la calle, a los 17. Gritarle en la calle a mi ex-novio que no se hacía cargo de que aún le pasaban cosas conmigo (y él admitiendo: sí, me pasan, pero vos no me hacés bien y mi cabeza me dice que no) y que mi novio actual tuviera que venir a buscarme en el auto una hora después, porque yo estaba vomitando en la calle y la policía me quería llevar, a los 18. Y así sigue la cuenta. Aunque con los años quizás subió la dureza de las drogas y por suerte también bajaron, poco a poco, los niveles de exposición en el ridículo.
Ojo, nada de todo esto fue muy grave, nada que sobrepase lo que un adolescente promedio vive en algún momento de su vida. Lo llamativo, lo singular, es -si se quiere- el mecanismo. Estar mal o intranquila y no poder optar por quedarse en casa, leyendo un libro o viendo una peli. No, así sin paz ponerse bajo los reflectores y soltar la fiera. Eso es lo que siempre me resultó poco saludable, y aún no se extingue en mí. Quizás he aprendido a no ser bochornosa para los demás, me expongo menos, pero la ansiedad sigue ahí (el venenito, le decía mi primera psicóloga, te agarra el venenito). El sábado, por ejemplo, se (aunque nadie lo haya notado) que estuve toda la noche tratando de provocar a uno de mis compañeros de la facu, generarle algún deseo, inutilmente, desgastando energía de seducción en alguien que no deseo y con quien -seguramente- jamás hubiera hecho nada.
Pensando entre resaca, ayer recordaba que hubo una época de mi vida (esa que nombro siempre) donde yo había desarrollado toda una política de cuidado de mí misma. Fue después del último aborto, yo tenía claro que no estaba bien, que no estaba tranquila conmigo, y entonces evitaba exponerme, evitaba las fiestas o las situaciones que me forzaran a estar más enérgica de lo que podía, justamente para no perder contacto con mis sensaciones. ¿Porqué ahora, entonces, no puedo bajarme? Cuando me pienso a mí misma en bienestar, hoy, lo que pienso es que leo, deseo estar más en mi casa, viendo peliculas o leyendo o escribiendo, produciendo, con cierta tranquilidad. ¿Porqué entonces yo misma todo el tiempo elijo lo contrario?
Cuando estoy sola, cuando yo solita tengo que hacerme cargo de mí misma, me cuido más. Si estuviese sola, podría salir menos, pasar más tiempo tranquila y pensando. Eso lo se. Y también se, lo descubrí ayer, que combinar esa política de cuidado de mí misma con el hecho de estar viviendo con G. es lo que me da miedo. Temo volverme un matrimonio de viejos, una pareja sin nada de rock and roll. A eso le tengo pavor. Por eso me fuerzo a poner en marcha los excesos aún cuando no tengo ganas, aún cuando no me hacen bien. Porque vivir con un hombre y pasar los fines de semana leyendo me parece cuajar dentro del esquema "finalmente senté cabeza y dejé de ser una adolescente" cuando yo siempre pensé que eso era un error, una pésima perspectiva de la vida, pura doctrina conservadora, y que se podía crecer sin dejar de vivir intensamente, con todos los excesos que haga falta. No se. Quizás estaría bueno darme tiempo para calmarme, soltar los miedos y ser lo que en cada momento tenga ganas de ser, sin creer que con eso estoy cediendo o perdiendo capacidad de resistencia.
Y es que realmente lo peor no es haber pasado el domingo reventada, con dolor de cabeza y de panza, limpiando los restos de lo que había vomitado.
Lo peor es ser alguien que no encuentra ni un poco de paz.
viernes, 23 de octubre de 2009
Pronto me explayo...
Pero por el momento, aviso:
No estoy embarazada. Tampoco muy enferma.
No estoy embarazada. Tampoco muy enferma.
Si después me pinta, retomo un viejo hábito del instituto de inglés que pedía: "fill in de blanks".
martes, 20 de octubre de 2009
Muerta de miedo
No se como se cuentan estas cosas, no se como decir todo lo que quiero decir. Entonces voy a recurrir a los esquemas, voy a empezar a contar sin ninguna pompa, cronológicamente. Cual informe médico.
Hace aproximadamente unos diez días, una noche que tuve sexo con G, sentí inmediatamente después un dolor horrible, profundo e intenso en el bajo-vientre, en el costado izquierdo. Me quedé quietita en la cama, medio doblada, y a la media hora más o menos aflojó y me dormí.
Después, días después, comencé a notar el atraso, y como habíamos curtido sin cuidarnos, nos pusimos atentos los dos en seguida.
Unos días después, tuve sexo de nuevo con G (habíamos curtido en el medio sin mucho problema) y volví a sentir ese dolor intensísimo, tuve que parar, me quedé doblada de dolor, me descompuse, me bajó la presión, y recién a la media hora de quedarme acostadita, me fue pasando. Pero al día siguiente sentía de vez en cuando unas puntadas en la misma zona, que aún aparecen de tanto en tanto.
El sábado menstrué, o eso creí. Poquita sangre, yo estaba en plenos preparativos de una fiesta que organizabamos para juntar plata, así que pedí una toallita prestada y listo, no le dí más bola pero me alegré. Esa noche al volver curtimos con G. sin ningún problema.
A la mañana siguiente, es decir, este domingo, G. se había ido a comer con los viejos y yo me desperté con ese mismo intentísimo dolor que ahora llegaba a la espalda. Me descompuse nuevamente, traté de quedarme en la cama y cuando me pasó un poco me puse a limpiar (venía mi familia a festejar el día de la madre y a conocer la casa). En plena limpieza, expulsé un coágulo de sangre bastante grande.
Ayer, Lunes, me tomé el bondi para venir a laburar y me tuve que bajar porque tenía todos los síntomas de una infección urinaria. Suelo tener infecciones seguido, así que llamé al laburo y me fuí al CEMIC. Pedí que me atendieran por guardia ginecológica, así de paso le contaba los otros síntomas. Me hicieron análisis de sangre y de orina. Obviamente, tenía una infección urinaria. Pero además, tengo en la prueba de embarazo un resultado límite, "no concluyente" me dijeron. Y como paré de menstruar, aparentemente existe la posibilidad de que haya estado embarazada y lo haya perdido (aquel coágulo del domingo) o bien, que aún esté embarazada y simplemente haya tenido pérdidas. Mañana tengo que repetir la prueba y ahí me dicen.
También hay una leve posibilidad de que no hayan pasado ninguna de las dos cosas, y todos mis dolores y la presencia de la hormona del embarazo tengan otras causas. Enfermedades varias, entre ellas, cáncer ovárico como posibilidad.
Estoy aterrorizada, angustiada, desbordada. En el trabajo no les gusta que falte, entonces hoy me esperaron con múltiples reclamos: algunos justificados (que tengo que resolver ya), otros no, pero la presión se siente igual. Hoy tenía que ir al bachi, pero no quiero ir, me duele bastante todo todavía y además quiero quedarme en mi casa. Tengo mucha angustia. Y la sensación de querer bajarme de todo, decir: hasta acá, muchachos, y tomarme de acá a fin de año sosteniendo sólo el laburo y la facultad, y pensando, pensando mucho en mí y en mi vida y en qué es lo que quiero y en cómo cuidarme.
Así las cosas. A esperar. Ya tendremos novedades.
Hace aproximadamente unos diez días, una noche que tuve sexo con G, sentí inmediatamente después un dolor horrible, profundo e intenso en el bajo-vientre, en el costado izquierdo. Me quedé quietita en la cama, medio doblada, y a la media hora más o menos aflojó y me dormí.
Después, días después, comencé a notar el atraso, y como habíamos curtido sin cuidarnos, nos pusimos atentos los dos en seguida.
Unos días después, tuve sexo de nuevo con G (habíamos curtido en el medio sin mucho problema) y volví a sentir ese dolor intensísimo, tuve que parar, me quedé doblada de dolor, me descompuse, me bajó la presión, y recién a la media hora de quedarme acostadita, me fue pasando. Pero al día siguiente sentía de vez en cuando unas puntadas en la misma zona, que aún aparecen de tanto en tanto.
El sábado menstrué, o eso creí. Poquita sangre, yo estaba en plenos preparativos de una fiesta que organizabamos para juntar plata, así que pedí una toallita prestada y listo, no le dí más bola pero me alegré. Esa noche al volver curtimos con G. sin ningún problema.
A la mañana siguiente, es decir, este domingo, G. se había ido a comer con los viejos y yo me desperté con ese mismo intentísimo dolor que ahora llegaba a la espalda. Me descompuse nuevamente, traté de quedarme en la cama y cuando me pasó un poco me puse a limpiar (venía mi familia a festejar el día de la madre y a conocer la casa). En plena limpieza, expulsé un coágulo de sangre bastante grande.
Ayer, Lunes, me tomé el bondi para venir a laburar y me tuve que bajar porque tenía todos los síntomas de una infección urinaria. Suelo tener infecciones seguido, así que llamé al laburo y me fuí al CEMIC. Pedí que me atendieran por guardia ginecológica, así de paso le contaba los otros síntomas. Me hicieron análisis de sangre y de orina. Obviamente, tenía una infección urinaria. Pero además, tengo en la prueba de embarazo un resultado límite, "no concluyente" me dijeron. Y como paré de menstruar, aparentemente existe la posibilidad de que haya estado embarazada y lo haya perdido (aquel coágulo del domingo) o bien, que aún esté embarazada y simplemente haya tenido pérdidas. Mañana tengo que repetir la prueba y ahí me dicen.
También hay una leve posibilidad de que no hayan pasado ninguna de las dos cosas, y todos mis dolores y la presencia de la hormona del embarazo tengan otras causas. Enfermedades varias, entre ellas, cáncer ovárico como posibilidad.
Estoy aterrorizada, angustiada, desbordada. En el trabajo no les gusta que falte, entonces hoy me esperaron con múltiples reclamos: algunos justificados (que tengo que resolver ya), otros no, pero la presión se siente igual. Hoy tenía que ir al bachi, pero no quiero ir, me duele bastante todo todavía y además quiero quedarme en mi casa. Tengo mucha angustia. Y la sensación de querer bajarme de todo, decir: hasta acá, muchachos, y tomarme de acá a fin de año sosteniendo sólo el laburo y la facultad, y pensando, pensando mucho en mí y en mi vida y en qué es lo que quiero y en cómo cuidarme.
Así las cosas. A esperar. Ya tendremos novedades.
miércoles, 14 de octubre de 2009
Noticias de Ayer
Good news:
Repensando el año que viene. Posible cambio de trabajo. Menos culposa. Con ganas de leer, militar y priorizar mejor. Fucking better.
Bad news:
Comiendo más. Demasiadas responsabilidades. Durmiendo mal. Faltando a pilates (el cuerpo chilla). Con un breve atraso.
Repensando el año que viene. Posible cambio de trabajo. Menos culposa. Con ganas de leer, militar y priorizar mejor. Fucking better.
Bad news:
Comiendo más. Demasiadas responsabilidades. Durmiendo mal. Faltando a pilates (el cuerpo chilla). Con un breve atraso.
jueves, 8 de octubre de 2009
Está hablando del fasssooo!
Últimamente la marihuana me pega bien. Lo descubrí hace un tiempo, un fin de semana que estaba enroscadísima y difícil con G. y decidí fumar un poco (dudaba, pensaba que todo era una mierda y que lo iba a sentir aún más fuerte) pero... uno, dos, tres... cambio absoluto de humor. Al ratito cocinaba deteniendome en los colores de la comida, se me ocurrían cosas para comentar, me reía, era cariñosa con G, una grosa. Así, sencillamente, un amor.
Ayer fumé de nuevo al salir de la facultad y me tomé el bondi para encontrarme con G. a comer (había entregado un parcial que me tuvo encerrada todo el fin de semana y quería distender). Y así de golpe en el bondi todo me parecía hermoso e intenso. El mundo, la gente, los colores... y también mis propias ideas, mis recuerdos, mis amigos. Me sentía cómoda conmigo misma. Pensé, una vez más: faaa, que bien me está pegando el porro. Y después, de una manera hermosa que se sentía como un descubrimiento inmenso y aventurero, me puse a pensar porqué.
Entonces me di cuenta de que lo que estaba pasando, aquello que era diferente al resto de mis días, era que cuando fumaba no me dejaba condicionar tanto por el entorno. Como si algunos lazos que me tienen atada a la realidad se cortaran, algunos, sólo algunos. Claaaaro, pensé, eso hace el porro, te desconecta un poco del entorno. Y si vos venías bien, con los lazos a punto justo o más bien débiles, quizás te sentís demasiado metido para adentro. Pero si venís como yo, demasiado condicionada por el mundo, por los demás, entonces te deja a punto caramelo. Y así, cuando Ramón y nina y gertdelpozo quisieron que entrara al ascensor de la facu para ver si había clases en no se qué aula, dije: no, todo bien, me voy, ni en pedo me meto en ese coso gris, si igual tenía que irme. Así, tal como lo sentí lo dije: ni en pedo me meto en ese coso gris. Y eso, esa capacidad de decir exactamente lo que pienso, es algo que perdí por el camino en algún momento de mi retorno a esta puta sensación de inseguridad.
Y así, quien sabe por qué asociaciones, me di cuenta de que hay cosas de mi que no cuento. Que siempre digo las mismas cosas, como si me hubiese armado un itinerario de recuerdos y características que son yo misma, y cuento eso, refuerzo eso con distintas anécdotas o comentarios, y lo que no encaja simplemente se anula (por el mismo vicio de mentirosa que anduve mencionando las ultimas veces). Y claro, justo yo que odio las identidades fijas, me armé una previamente (una que creo adecuada-linda-correcta-amplia) y sólo menciono aquello de mí que me parece que encaja.
Y no saben cuánto más me gustaba (y cuánto mejor me sentía) cuando contaba o decía todo lo que se me aparecía, aún lo que desencajaba, y el tema de armarme una identidad se me escapaba de las manos y pasaba a ser un problema de los demás.
Ayer fumé de nuevo al salir de la facultad y me tomé el bondi para encontrarme con G. a comer (había entregado un parcial que me tuvo encerrada todo el fin de semana y quería distender). Y así de golpe en el bondi todo me parecía hermoso e intenso. El mundo, la gente, los colores... y también mis propias ideas, mis recuerdos, mis amigos. Me sentía cómoda conmigo misma. Pensé, una vez más: faaa, que bien me está pegando el porro. Y después, de una manera hermosa que se sentía como un descubrimiento inmenso y aventurero, me puse a pensar porqué.
Entonces me di cuenta de que lo que estaba pasando, aquello que era diferente al resto de mis días, era que cuando fumaba no me dejaba condicionar tanto por el entorno. Como si algunos lazos que me tienen atada a la realidad se cortaran, algunos, sólo algunos. Claaaaro, pensé, eso hace el porro, te desconecta un poco del entorno. Y si vos venías bien, con los lazos a punto justo o más bien débiles, quizás te sentís demasiado metido para adentro. Pero si venís como yo, demasiado condicionada por el mundo, por los demás, entonces te deja a punto caramelo. Y así, cuando Ramón y nina y gertdelpozo quisieron que entrara al ascensor de la facu para ver si había clases en no se qué aula, dije: no, todo bien, me voy, ni en pedo me meto en ese coso gris, si igual tenía que irme. Así, tal como lo sentí lo dije: ni en pedo me meto en ese coso gris. Y eso, esa capacidad de decir exactamente lo que pienso, es algo que perdí por el camino en algún momento de mi retorno a esta puta sensación de inseguridad.
Y así, quien sabe por qué asociaciones, me di cuenta de que hay cosas de mi que no cuento. Que siempre digo las mismas cosas, como si me hubiese armado un itinerario de recuerdos y características que son yo misma, y cuento eso, refuerzo eso con distintas anécdotas o comentarios, y lo que no encaja simplemente se anula (por el mismo vicio de mentirosa que anduve mencionando las ultimas veces). Y claro, justo yo que odio las identidades fijas, me armé una previamente (una que creo adecuada-linda-correcta-amplia) y sólo menciono aquello de mí que me parece que encaja.
Y no saben cuánto más me gustaba (y cuánto mejor me sentía) cuando contaba o decía todo lo que se me aparecía, aún lo que desencajaba, y el tema de armarme una identidad se me escapaba de las manos y pasaba a ser un problema de los demás.
miércoles, 30 de septiembre de 2009
Trabajar y silenciar
"Si estoy de más en este mundo
prefiero sobrar de incógnito".
Mafalda.
(...)
No me gusta mi trabajo. Y ojo, sé que no tengo mucho de que quejarme. Es tranquilo, es un buen trabajo. Laburo en blanco, tengo un mes de vacaciones, aguinaldo. Cobro poco, es cierto, pero si no fuera porque me cagan 2 horas (que no me pagan) hasta se podría decir que no está mal la relación tiempo-salario. Salgo a las cuatro, puedo estudiar. Además llego y paso la primera hora desayunando y revisando mis mails. Trabajo en una lugar amplio, lleno de libros, con dos ventanales enormes, entra luz y tengo mucho espacio. Incluso, si me manejo bien, puedo estudiar o hacer otras cosas sin que nadie se de cuenta.
Pero soy invisible.
Cuando me corté el flequillo taaan cortito el viernes pasado estaba muy preocupada por qué me iban a decir todos cuando me vieran. Lo que no imaginé es que me iba a molestar, justamente, que en el trabajo nadie dijera nada. Nada de nada. Las únicas que se dieron cuenta fueron la profe auxiliar de matemática con la que comparto colectivo y una alumna muy coqueta de 2do año. Los demás, nada, puedo venir con peluca verde que no se darían cuenta.
Y es que mi trabajo es no existir hasta el momento preciso en que a algun profesor o alumno se le ocurre pedirme un libro. El resto del tiempo, catalogo en silencio, sola en este amplísimo espacio, como un insecto aplicado que hace su labor secretamente. Y no es que me moleste estar sola, de hecho creo que lo prefiero. El problema es que todos (todos menos los alumnos, quizás) estén convencidos de que soy una chica tranquila, medio pacata, que no tiene mucho para ofrecer. La bibliotecaria. Y claro, soy medio pacata, porque me incomoda bastante el colegio y mi lugar en él y entonces soy sumamente formal, no dejo que asome nada de mí. Y eso, por supuesto, me hace medio aparato.
Entonces hay momentos donde todo me parece una cagada, este colegio hipócrita y falluto acá afuera, y adentro mío un alboroto de deseos, potencias, saberes, ganas, intereses, ideas y odios que me agitan constantemente así, bajito y en secreto.
(...)
He llegado al punto en el cual meter más materias y anotarme para dar clases es una necesidad urgente y vital.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
